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Historia de Francisco Morán Marquez Un nuevo reto inició cuando perdió la vista Dirige una facultad con 31.000 alumnos. El 2004, por un problema de glaucoma, se quedó ciego. Es un referente en la Universidad de Guayaquil. Era la noche de un viernes Francisco Morán Marquez se disponia a descansar luego de una ardua jornada en la Universidad de Guayaquil. En su rutina diaria, nada habia cambiado, al menos hasta ese momento. Cuando despertó, unas horas después, aquel sábado de septiembre de 2004, un sorpresivo episodio marco su vida.Abrió los ojos y comenzó a ver todo borroso. Nervioso por lo que le estaba pasando, decidió ocultar la dolencia. Solo su esposa, Aura Peña, lo supo. Aunqu el problema visual se agudizaba, pocos en la Universidad notaban lo que le sucdía al decano de la Facultad de Filosofía Letras y Ciencias de la Educación. Al poco tiempo se quedó ciego, víctima de glaucoma, una enfermedad que se había manifestado antes en su Familia materna. Pero lejos de deprimirse, este profesional de 71 años que ha dedicado 5 décadas a la docencia, se convirtío en un ejemplo para otros educadores y alumnos. Contrario a lo que muchos pensaban, no dejó el cargo y volvió a postularse para el Decanato. Ganó. Al frente de una d las Facultades mas pobladas de la Universidad, con 31.000 estudiants y aproximadamente 500 profesores, reconoce que algunas cosas cambiaron. Aprendió a prestar más atención al caminar, al tocar los objetos y, especialmente a tener una alta autoestima. La firma de documentos no es una preocupación para el. Pide que le lean los textos, los analiza y luego los suscribe. "Aqui tengo mil ojos que me ayudan", cuenta sonriendo. Su falta de visión no fue un inconveniente para que el 2006 publicara otro de sus textos educativos, titulado Andragogía. Le tomó dos años y medio y era su quinceava obra. La primera fue la tesis de grado con la que se convirtió en Doctor en Ciencias de la Educación. Obtuvo el premio Universidad de Guayaquil y se llamó Trilogía Oriental: Buda, Confucio y Lao-Tsé. Su tiempo no solo lo dedica al alma máter. También es profesor y director de la escuela fiscal vespertina Nº 361 Ecuador Romero Naranjo. Ama trabajar con los niños. Se alimenta de su entusiasmo y de sus ocurrencias. Aunque ha enseñado a chicos de todas la edades, los más pequeños son especiales para él. Mientras toma uno de los libros de su autoría, cuenta que la primera vez que supo que quería ser docente tenía 15 años. "un vecino me pidío que le enseñara a leer a su hija de 8 años", dice. Así lo hizo. Se dio cuenta de que tenía paciencia y Comenzó a dar clases a otros menores del barrio. "Entré al Magisterio en abril de 1960. Allí se abrió el camino que yo siempre amé. En su hoja de vida constan decenas d reconocimientos. La escuela fiscal Nº 369, ubicada al sur de la ciudad, lleva su nombre, al igual que la biblioteca del colegio Modesto Carbo Noboa. Su mérito profesional fue resaltado por los ministerios de Trabajo y de Educación y por el Congreso Nacional. Nacido en Guayaquil y con seis de sus ocho hijos vinculados a la docencia, ejerce el Decanato por novena ocación. Su actual período culminará 2013. Nada parece alejarlo de la Universidad. No solo acude hay de lunes a viernes y permanece allí hasta finalizar la tarde, sino que asiste los sábados y domingos para culminar los asuntos pendientes. Quienes trabajan con el lo ven como un ejemplo de un hombre trabajador que no se deja vencer por la adversidades. Para él mientras haya vida todo tiene solución. Fuente: Diario Expreso Día: 26 de Junio del 2010 Enlace a la información en diario Expreso |